Gasherbrum I – Himalaya

Los dos experimentados alpinistas finalizan de manera repentina su expedición, por un accidente que casi les cuesta la vida.

Todo ocurrió cuando la cordada italiana había recuperado la confianza y el optimismo, después de unas semanas muy duras, tratando de hallar una salida al laberinto del glaciar a pesar de una meteorología entestada en borrar su ruta.

Finalmente, el pasado viernes 17 de enero conseguían colocar una escalera prestada por los militares pakistaníes en un lugar suficientemente estrecho de una enorme grieta que bloqueaba su línea de ascensión.

Un brillante e inesperado sol despejó el cielo el sábado 18 de enero y los alpinistas no se lo pensaron. Cargaron provisiones para dos días y partieron del campo base para instalar por fin el campo 1 aquel mismo día y, si todo iba, bien proseguir al día siguiente hacia el campo 2. Sin embargo, las cosas no fueron bien. Nada bien.

Al borde de una tragedía

Cuando ya habían superado la Cascada de Hielo y se acercaban al plateau, tuvieron que superar una nueva grieta, la enésima de ese día. Siempre encordados, Simone aseguró a Tamara mientras esta cruzaba. Siguiendo su protocolo de seguridad básico, Tamara se alejó 20 metros antes de que Simone cruzada también.

No obstante, Simone no llegó a cruzar, sino que el suelo se desplomó a sus pies y desapareció de la vista de Tamara. El peso del alpinista en caída la arrastró a ella, que salió volando casi los 20 metros de seguridad y quedó a escasos 50 centímetros del borde de la grieta, con la mala suerte de que una mano quedó atrapada en la cuerda en plena tensión.

Dentro de la estrechísima grieta, Simone Moro logró poner un clavo de hielo para retener su deslizamiento, lo que aprovechó Tamara Lunger para, dolorida y con una sola mano, montar un anclaje de fortuna que los asegurase a la vida.

Las siguientes dos horas fueron de enormes esfuerzos por parte de los dos para lograr finalmente que Simone Moro ascendiera 20 metros verticales y regresara a la superficie. A su llegada al campo base, cancelaron la expedición y organizaron su evacuación.

En sus redes sociales, el experimentado himalayista invernal ha compartido el siguiente relato acerca de lo ocurrido:

En sus redes sociales, el experimentado himalayista invernal ha compartido el siguiente relato acerca de lo ocurrido:

Todo está bien si acaba bien.

Sin profundizar en la cuestión, ayer estuvimos verdaderamente a un suspiro de un epílogo trágico y desastroso tanto para Tamara como para mí. Estábamos planeando pasar dos noches en la montaña, alcanzar campo 1, dormir allí y luego dirigirnos al campo 2 al día siguiente.

Estábamos finalmente fuera de la cascada de hielo, habíamos superado la última gran grieta y nos dirigíamos al plateau. Siempre encordados, porque sabíamos que las gretas siempre estaban al acecho y llevábamos las antenas siempre desplegadas, pero la moral estaba alta y la satisfacción de haberlo superado todo. El gran laberinto de hielo.

Pero el día no había acabado y lo que nos esperaba fue terrible.

Al acercarnos a una grieta, me puse en posición como siempre de asegurar a Tamara, que cruzó primero. Luego se movió hasta la zona de seguridad, 20 metros más allá de la grieta.

Entonces fue mi turno y, en una fracción de segundo, un abismo se abrió bajo mis pies y caí. Tamara sufrió un tirón tan violento que voló literalmente hasta el borde de la grieta, mientras yo caía 20 metros golpeándome la espalda, las piernas y las nalgas con las cuchullas de hielo suspendidas en el intestino inacabable en el que continuaba descendiendo. No más de 50 cm de ancho, en completa oscuridad.

Arriba, Tamara tenía la cuerda enrollada alrededor de su mano y le apretaba y le causaba un dolor atroz y adormecimiento. Yo estaba en la oscuridad y ella iba lentamente resbalando hacia el borde de la grieta. Todo complicado por el hecho de que llevaba raquetas de nieve en sus pies. Yo conseguí, con una mano, poner un precario primer anclaje y, mientras notaba cómo me iba deslizando lentamente hacia el abismo, tuve la lucidez de coger el tornillo de hielo que llevaba en el arnés y asegurarlo la suave y dura pared de la grieta. Ese tornillo detuvo mi deslizamiento y probablemente paró de tirar de Tamara hacia la grieta.

A partir de ahí, sin entrar en detalles, inventamos la manera de salir. Casi dos horas después, horas de contorsiones y de un esfuerzo horroroso fui capaz de escalar en piolet tracción toda la grieta, completamente a oscuras y estrujado entre dos paredes de 50 cm de ancho.

Temblando y con mil arañazos abracé a Tamara, que también estaba llorando del dolor en la mano. Mientras yo escalaba, ella se las arregló para organizar una buena estación de recuperación y asegurarme mientras escalaba los 20 metros inacabables de hielo suave. Descendimos al campo base, que ya había sido alertado y tranquilizado por radio.

Hoy he organizado la evacuación, con solicitud de revisiones médicas para ambos. Hoy los dolores son obviamente más fuertes y la mano de Tamara está parcialmente insensible e inutilizada.